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miércoles, 24 de agosto de 2016

EL DESENLACE

EL DESENLACE



Novelí, creía en el amor... Esa tarde hizo el recorrido habitual desde su trabajo hasta la guardería. Se sintió oprimida, dolorida; sin saber porque sospechaba que algo malo había sucedido.
Como todas las tardes pasó por “ Rinconcito de amor” a buscar a Merlina Nautalt (1) , pero al llegar vió varias unidades móviles en la zona. El corazón se le agitó, apresurada, tambaleándose corrió las dos cuadras que le faltaban hasta llegar a Pellegrini 1958; las piernas se le doblaban por los tacos agujas, la mirada se le desencajaba pensando en su niña de 3 años.
Al llegar ve como dos uniformados se llevaban esposado a un individuo joven “maltrecho” y todo ensangrentado. En el lugar hay varias personas gritando y llorando. No entiende nada. Desesperada quiere entrar, la indagan. El área estaba “cercada” por la “fuerza pública”que tomaban “muestras” y hacían peritajes. Atormentada, dice que es la mamá de uno de los niños, le informan que allí ya no hay nadie. Varios pequeños se fueron con sus familiares; y otros, lamentablemente, están heridos. Un delincuente munido con un arma blanca tomó por asalto el establecimiento y arrolló con todo.
Ve la ambulancia, pregunta ya turbada, con la mirada desorbitada, por su hija. Les da los datos: -es rubiecita, de ojos claros y así de alta ( hace ademanes con las manos)
Nadie sabe nada, ve varios chicos heridos, no comprende. Nadie sabe nada.
Tal vez esté en el Hospital “Lucio Menéndez” de Adrogué ( el destino que le dieron los enfermeros).
Parte apresuradamente hacia el nosocomio, que queda a unas cuadras...
Se repite a sí misma en voz alta:
-ni-k-on-ita-s: ‘Yo la veré allá’.
Al llegar ve a la maestra en una camilla. Le sangran el hombro y la mano. Esta "tajeada". Se acera, le pregunta. Esta no la deja terminar de hablar, que llorando le cuenta: 
- Estábamos en el aula, cuando entro una persona con una cuchilla. Pedía dinero, yo no tenia, venia ensangrentado...
- ¡Por Dios, no! ¿Y, Merlina, que pasó con Merlina?
- .... sentí los patrulleros, un agente entro al aula... el ladrón tomó de rehén a Náhuatl... 
- - ¡no, no noooooooooo... !
- El policía le pidió que se entregue... sé vió acorralado dijo que lo dejen salir. Huye del aula con la nena, yo la tomé del brazo, la hiere... 
- ¡No Dios mío!¡ noooooooooo! No puede ser... ¿ qué pasó ¿ ¿dónde está? (la sacude)
- el policía lo apunta forcejeamos, Náhuatl grita, llora, un “ chorro” de sangre le sale del costado, el policía dispara, el “ chorro” suelta el arma, la nena cae... cuando viene la ambulancia...
- ¿ Dónde está? ¿Dónde?¿Qué pasó con ella? por favor dígame... ( la zamarrea aún mas fuerte, la separan... porque le hace doler la herida)
- ...Ya era tarde. Merlina murió. Se desangró. Lo siento mucho Sra. Torres.
....se abrazan... lloran... Novelí no lo puede asimilar, llora, se descompone, se desquicia...
Con lo que le había costado tenerla, se había sometido a tres inseminaciones antes de quedar embarazada. y ya era una mujer grande, no podía tener mas hijos...
No lo puede comprender, porque se piensa, que a uno le pueden suceder muchas cosas pero espera que a los hijos no les pase nada. Es un dolor muy grande, inexplicable( lo que ella siente.)
Novelí empieza a sentir temor, a escuchar voces... esa que escucha cuando está mal.
El diablo le dice que el fruto de su vientre le fue ofrendada en un sacrificio... no lo podía creer. Llora, grita, se desorbita su mirada...
No lo soporta mas, tras cruzar los pasillos en ese estado, llega a la calle, ve un auto que pasa y se tira. La arrolla, recibe un golpe seco en la sien. Muere en el acto.
Novelí era esquizofrénica, acababa de hacer un brote. Nadie lo podía prever. En su desesperación solo atinó a matarse.
Esa tarde, su marido que era diseñador, espero inútilmente que suene el timbre pero no le extrañó a veces solía llegar mas tarde, luego de pasar por la plaza o la calesita.
Suena el teléfono, lo atiende, alguien con una voz quebrada, le expresa que es la mamá de uno de los pequeños y le relata lo sucedido. El hombre pega un alarido.
Rodrigo, va a la pieza. Mira la foto familiar, se dirige a la caja fuerte, saca su revolver calibre 38, lo desenfunda, se apunta a los sesos. Se descerebra.
La habitación queda vacía, desolada, solo hay un destello de luz que se irradia desde la oficina... es la macintosh(2) está abierta en el photoshop(3), con un trabajo sin concluir, es una publicidad sobre un restaurante donde se ve un grupo familiar: la mama, el papá y dos criaturas almorzando en “La casona del Nonno”.
FIN


NOTAS AL PIÉ


(1) Cierto día “ navegando” la “enciclopedia Encarta de Microsoft” Novelí encontró los siguientes datos sobre los Náhuatl y le pareció que seria un buen nombre para su hija ya que significaba “sonoro” como la música y todo lo que tiene vida...


-Náhuatl: 
Lenguas aborígenes:
[...]Su nombre proviene del verbo nuhuati, ‘hablar alto’. Náhuatl significa ‘sonoro’, ‘audible’. También ha sido llamada nahua, nahoa, nahualli, mexihca (‘mexicano’) y macehualli (‘campesino’). Posee varios dialectos, como el náhuatl huasteca (en los estados de San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz y en parte de Puebla), el náhuatl septentrional de Puebla (norte del estado de Puebla), el náhuatl tetelcingo (en la ciudad de Tetelcingo y sus dos colonias, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, en la municipalidad de Cuautla, Morelos, México). En Guatemala y El Salvador se habla náhuatl pipil. El dialecto que cuenta con más hablantes es el náhuatl huasteca (350.000)[...]
[...]Comprende nueve subgrupos y más de 16 lenguas, habladas en Estados Unidos y México. La más importante es el náhuatl o azteca, que cuenta, en el presente, con más de un millón de hablantes. [...]
[...]En cuanto a su estructuración morfológica, se registra también variedad, aunque muchas lenguas son polisintéticas y aglutinantes. En términos sencillos: en ellas se suelen formar palabras complejas, largas, constituidas por la unión (aglutinación) de varios elementos (morfemas), con significado léxico (raíces) y gramatical (categorías de número, persona, tiempo, aspecto, y demás; la categoría de género es poco frecuente), las cuales equivalen a oraciones de lenguas indoeuropeas.[...]
Los morfemas que expresan categorías gramaticales pueden prefijarse o sufijarse a la raíz (o raíces). Los infijos son poco frecuentes.
He aquí algunos ejemplos de polisíntesis y aglutinación:
NÁHUATL HUASTECA
ni-k-on-ita-s: ‘Yo lo veré allá’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:
ni- : 1ª persona singular
-k- : a él, lo
-on- : allá
-ita- : raíz verbal ver
-s : futuro


El náhuatl huasteca es prefijador y sufijador.
[...] Es también característica de estas lenguas aborígenes la llamada incorporación, la cual consiste en introducir —incorporar—, en una forma verbal, el objeto directo de la acción, expresado éste por una raíz o por un afijo.En el primer ejemplo en náhuatl huasteca, que se ha visto antes, lo hace el prefijo -k-.
Debido a tal procedimiento, las lenguas son llamadas incorporantes.[...]
[...]Del náhuatl: aguacate (de yeca-tl), cacaquate (de tlal-cacaua-tl: ‘tierra cacao’), cacao (de cacaua-tl), camote (de camo-tl), coyote (de coyo-tl), chile, ‘ají’ (de chi-li, ‘rojo’), chocolate (de chocola-tl), mole, ‘salsa’ (de mol-li), tamal, ‘empanada de maíz’ (de tamal-li), tiza (de tiza-tl), tomate (de toma-tl), zopilote (de tzopilo-tl).


Al concluir la lectura... siendo que los Nahuatlecas había aportado tantos vocablos al idioma y dado su espíritu de lucha por los derechos humanos de los desprotegidos no lo dudó más. 
El nombre de su hija sería Nahualt dado el origen indio de su marido...
....y dada la magia de su gestación se llamaria Merlina, por el mago Merlín...
Su nombre seria:
Merlina Nahualt


(2)Tipo de computadora personal de la empresa Apple, ideal para diseño gráfico
(3) Programa de computación de retoque fotográfico.

Minerva Alcira Miljiker

miércoles, 19 de septiembre de 2012

DIALOGO SOBRE UN DIALOGO

A- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.

Z (burlón)- Pero sospecho que al final no se resolvieron

A (ya en plena mística)- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

Autor: Jorge Luis Borges


miércoles, 27 de junio de 2012

CABALLO IMAGINANDO A DIOS

"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.

Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."

Autor: Augusto Monterroso


miércoles, 28 de marzo de 2012

POEMA AL ARQUERO

El balón por el cielo
La parada del portero
Que volaba por los altos
Para mantener su valla en cero

Vencido parecía
Con su cuerpo derrotado
Pero de un segundo a otro
No saben cómo la ha sacado

La gente anunciaba el gol
Los rivales se confiaban
Nadie esperaba que el arquero
Con una mano la sacara 

Grita, se enfada, ordena
A sus compañeros condena
A seguir sus instrucciones
O a una puteada de aquellas

A veces pasa
Por muy buenos momentos
Y otras veces quisiera
Enterrarse con cemento

Agallas hay que tener 
Para la portería defender
No cualquiera se para
A aguantar mientras disparan 

Es por eso que todos
Quieren ser delanteros
Y muy pocos se atreven
Con guantes en los dedos

Ser arquero no es cosa
Del gordito del barrio
Del que no juega con los pies
Y tampoco con las manos

Es habilidad, destreza, reacción
Agilidad, buena pegada, ubicación
Flexibilidad, fuerza, elevación
Seguridad, confianza, elongación

Si al menos tienes la mitad
Considérate un arquero
Sí solo pateas fuerte 
Anda, sé delantero.

Autor: Edgar Merino Vidangossy (arquero chileno)


miércoles, 28 de diciembre de 2011

LA MARIONETA DE TRAPO

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundo de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás se duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate… 

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón… Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.

A los hombres, les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho a mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo...

Autor: Gabriel Garcia Marquez


miércoles, 5 de octubre de 2011

LA CUEVA DE LA MORA - BECQUER


I
Frente al establecimiento de baños de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, así por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído unas sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de argamasa con las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.
Durante mi estancia en los baños, ya por hacer ejercicio, que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza árabe y allí me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome por todos los rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de esos subterráneos que es fama existen en todos los castillos de los moros.
Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas.
Sin embargo, uuna tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en los alto de la roca sobre la que se asienta el castillo,renuncié a subir a ella, y limité mi paseo a las orillas del río que corre a sus pies, andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquerón abierto en la peña viva y medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. No sin mi poquito de temor, separé el ramaje que cubría la entrada de aquello que me pareció cueva formada por la naturaleza y que, después que anduve algunos pasos, vi era un subterráneo abierto a pico.
No pudiendo penetrar hasta el fondo, que se perdía entre las sombras, me limité a observar cuidadosamente los accidentes de la bóveda y del piso, que me pareció que se elevaba formando como unos grandes peldaños en dirección a la altura en que se halla el castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas ruinas recordé entonces haber visto una poterna cegada. Sin duda, había descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en las obras militares de aquella época, el cual debió servir para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua del río que corre allí inmediato.
Para cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, después que salí de la cueva por donde mismo había entrado, trabé conversación con un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.
Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas; hablamos, en fin, de todo lo que al buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, objeto de mi curiosidad.
Cuando, por último, la conversación recayó sobre este punto, le pregunté si sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.
—¡Penetrar en la cueva de la Mora! —me dijo, como asombrado al oír mi pregunta—. ¿Quien había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?
—¡Un ánima! —exclamé yo, sonriéndome—. ¿El ánima de quién?
— El ánima de la hija de un alcaide moro que anda todavía penando por estos lugares, y se la ve todas las noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en el río una jarrica de agua.
Por explicación de aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del subterráneo que yo suponía en comunicación con él había alguna historieta, y como yo soy muy amigo de oír todas estas tradiciones especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqué me la refiriese, lo cual hizo, poco más o menos, en los mismos términos que yo, a mi vez, se la voy a referir a mis lectores.

II
Cuando el castillo, del que ahora sólo restan algunas informes ruinas, se tenía aún por los reyes moros, y sus torres, de las que no ha quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca en que tienen asiento todo aquel fertilísimo valle que fecunda el río Alhama, tuvo lugar junto a la villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó herido y prisionero de los árabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su valentía.
Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en el fondo de un calabozo luchando entre la vida y la muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.
Volvió el cautivo a su hogar; volvió a estrechar entre sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de armas y sus hombres de guerra se alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero se había llenado de una profunda melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su estraña melancolía.
Durante su cautiverio logró ver a la hija del alcaide moro, de cuya hermosura tenía noticias por la fama antes de conocerla; pero que cuando la hubo conocido la encontró tan superior a la idea que de ella se había formado, que no pudo resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto para él imposible.
Meses y meses pasó el caballero forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella mujer, ora hacía los mayores esfuerzos por olvidarla, y ya se decidía por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, un día reunió a sus hermanos y compañeros de armas, hizo llamar a sus hombres de guerra y, después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, cayó de improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura objeto de su insensato amor.
Al partir a esta expedición, todos creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto le habían hecho sufrir arrojándole en el fondo de sus calabozos; pero después de tomada la fortaleza, no se ocultó a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos habían perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.
El caballero, embriagado en el amor que, al fin, logró encender en el pecho de la hermosísima mora, no hacía caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y otros clamaban por salir cuanto antes de aquellos muros, sobre los cuales era natural que habían de caer nuevamente los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.
Y, en efecto, sucedió así: el alcaide allegó de los lugares comarcanos y una mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de la torre bajó a anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas se descubre se veía bajar tal nublado de guerreros, que bien podía asegurarse que iba a caer sobre el castillo la morisma entera.
La hija del alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el caballero pidió sus armas a grandes voces y todo se puso en movimiento en la fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó el puente colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.
Algunas horas después comenzó el asalto.
El castillo podía llamarse con razón inexpugnable. Solo por sorpresa, como se apoderaron de él los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores una, dos y hasta diez embestidas.
Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.
El hambre comenzó, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los mismos que habían reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.
Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo cayó al foso desde lo alto del muro, al que había logrado subir con la ayuda de una escala, al mismo tiempo que el caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde unos y otros combatían cuerpo a cuerpo entre las sombras.
Los cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este punto la mora se inclinó sobre su amante, que yacía en el suelo, moribundo, y tomándolo en sus brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación y la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio de armas. Allí tocó a un resorte, se levantó una piedra como movida de un impulso sobrenatural y por la boca que dejó ver al levantarse, desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender hasta llegar al fondo del subterráneo.

III
Cuando el caballero volvió en sí, tendió a su alrededor una mirada llena de extravío, y dijo:
—¡Tengo sed! ¡Me muero! ¡Me abraso!
Y en su delirio precursor de la muerte, de sus labios secos, al pasar por los cuales silbaba la respiración sólo se oían salir estas palabras angustiosas:
—¡Tengo sed! ¡Me abraso! ¡Agua! ¡Agua!
La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que, una vez rendida la fortaleza, buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio. Sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río.
Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y exhaló un grito.
Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparados sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.
La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su razón y, conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió sus ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía y, sin acercársela a los labios, preguntó a la mora:
—¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión y, si me salvo, salvarte conmigo?
La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.
Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.



Autor: Gustavo Adolfo Bécquer

miércoles, 27 de julio de 2011

EL PUERTO, DE EDUARDO GALEANO

La abuela Raquel estaba ciega cuando murió. Pero tiempo después, en el sueño de Helena, la abuela veía.
En el sueño, la abuela no tenía un montón de años, ni era un puñado de cansados huesitos: ella era nueva, era una niña de cuatro años que estaba culminando la travesía de la mar desde la remota Besarabia, una emigrante entre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela pedía a Helena que la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quería ver el puerto de Buenos Aires.
Y así, en el sueño, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega veía el puerto del país desconocido donde iba a vivir toda su vida.

Eduardo Galeano

miércoles, 29 de junio de 2011

EL DUELO O LA REFUTACION DEL HOROSCOPO

Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora. Sus vidas no se cruzan hasta que son enamorados por la misma mujer. Entonces se encuentran y pelean por ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le corresponde el dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneos los vaticinios. O tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos distintos.

Autor: Alejandro Dolina


miércoles, 1 de junio de 2011

EL LEPIDOPMAC (CAZA MARIPOSAS DEL AMOR)

Cientos de parejas aguardan su turno. Da gusto verlas porque no son comunes. Es evidente que se aman. Y no porque vayan de la mano o se miren con ternura, sino porque sería absurdo estar de pie tantas horas si no portasen las pruebas que lo acreditan. El letrero, donde inicia la fila, anuncia: “Pagamos 20 gramos de oro por mariposa”.

Se sabe que el método es indoloro y que cada estómago enamorado alberga entre 10 y 15 especímenes. Además, el intervenido puede generar nuevas mariposas al cabo de una semana. Sin embargo, existe un inconveniente. Con frecuencia, sólo uno de la pareja las porta, demostrándose que no es correspondido. El drama es inevitable.

Los detractores del doctor Lorca, inventor del Lepidopmac (aparato para cazarlas), lo tildan de “anti-romántico”. Unos, por ponerle precio a los sentimientos más nobles. Otros, por llevar al abismo a tantas parejas correctamente constituidas. Ni los oye. No hay tiempo. Su amada aguarda la sentencia. Cuando el número de mariposas iguale al de personas, Lorca las soltará. Confía en que nadie querrá sostener un fusil.

Autor: Rafael Valcárcel


miércoles, 4 de mayo de 2011

A-NORMAL

La prensa amarillista, aquella que se ufana de gritar la verdad, publico en letras ilegibles de los bordes de la pagina social. "Luego de inconvenientes psiquiatricos fue dado de alta, don Tomas, quien se encontraba convaleciente desde hace varios años en la prestigiosa clinica mental, en la que sólo son aceptados los cuerdos".

Autor: Carlos Alfonso


miércoles, 9 de marzo de 2011

EL ARBOL MAGICO, PEDRO PABLO SACRISTAN


Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó conabracadabrasupercalifragilisticoespialidosotan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas.
Autor: Pedro Pablo Sacristan


miércoles, 26 de enero de 2011

LA VASIJA CON RAJADURAS

Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas.
Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
-Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo:
-Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino.
Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
-¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?


"Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado".

Autor: Paulo Coelho


miércoles, 12 de enero de 2011

EL RIO, de Julio Cortazar

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras. 
Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y ajetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón rídiculo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme. 
Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos. 


Julio Cortazar, Final del Juego, 1956.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA LEYENDA, de Jorge Luis Borges

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. 
Abel contestó: 
-¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes. 
-Ahora sé que en verdad me has perdonado -dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar. 
Abel dijo despacio: 
-Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.

Autor: Jorge Luis Borges


miércoles, 20 de octubre de 2010

EL GOL

El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna. Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos. El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire. 

Autor: Eduardo Galeano


miércoles, 25 de agosto de 2010

SOLO PALABRAS

"Llevan 10 años muertos", tituló el diario local. "El tiempo y los yuyos fueron tapando su casilla y sus vidas..." continuaba la noticia en tono melodramático.
La autopsia había arrojado resultados sorprendentes. En el pueblo nadie podía entender cómo se habían sucedido los hechos porque eran vagos los recuerdos de aquella pareja de ancianos.
Lo que muchos recordaban es que vivían en una tapera de chapa, detrás de la estación, a metros de la vía. Tuvieron tres hijos, quienes dejaron el pueblo hace años y todos pensaron que los viejos también habían emigrado. El futuro recorrido del tren bala y la limpieza de los rieles llevó a unos parroquianos a hallar el misterio.
Estaban desnudos, abrazados, unidos por un beso, con los labios sellados. Lo realmente misterioso fue que los cuerpos estaban intactos, sin rastros de descomposición, como hace diez años atrás. La foto del diario es elocuente, estaban igual que la última vez que los vieron juntos en el pueblo. El carnicero, Ariel Acevedo, recuerda la fecha exacta porque fue el día del tornado (11 de Mayo del 98) y los viejos se habían refugiado en el alero de la carnicería.
- "Recuerdo que les pregunté si querían pasar porque estaban empapados y me contestaron, sonrientes, radiantes, que estaban apurados y salieron caminando tomados de la mano bajo el diluvio. También recuerdo que me preguntaron si yo vendía pilas. Les dije que no. Pensé que estaban un poco locos", concluye Acevedo.
El bombero que tuvo la infeliz misión de separar los cuerpos comentó a la redacción del diario: "Nunca viviré algo igual. Cuando despegué sus labios me cegó un viento helado, como un suspiro de elefante o una tormenta de nieve sobre mis ojos. Para aumentar el misterio -agregó- en un rincón de la casilla había una vieja radio que se encendió de golpe...Si los besos se enviaran por escrito, usted señora, leería estas líneas con sus labios...se escuchó".


Juan Pablo Tettamanti, de "De mi casa a la cancha y ... de la cancha a mi casa"

jueves, 8 de julio de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

LA FABULA DEL PELOTUDO

En una ciudad del interior de Argentina, un grupo de personas se divertían con el pelotudo del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al pelotudo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de tamaño menor, pero de 1 peso. Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:


- Lo sé, no soy tan pelotudo..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

La historia podría concluir aquí como un simple chiste pero se pueden sacar varias conclusiones:

1) Quien parece pelotudo, no siempre lo es.
2) ¿Cuáles eran los verdaderos pelotudos de la historia?
3) Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos
4) y la mas interesante: Podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

MORALEJA
'El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pelotudo delante de un pelotudo que aparenta ser inteligente'...

Autor: Roberto "el negro" Fontanarrosa

domingo, 27 de diciembre de 2009

ESTRELLITA

La estrellita salio a jugar, saltando de estrella en estrella hasta llegar a la luna, de un salto se deslizó en ella cual un tobogán! Mientras el brillo de la luna se reflejaba en una laguna donde lágrimas caían rodando hasta caer en la profundidad. La felicidad del juego y la ingenuidad de una estrellita infantil, a la tierra envolvían, pero el rumor de melancolía persistía. Las lágrimas intentaban jugar cual la estrellita, pero al tocar la laguna en ella se convertían! La estrellita seguía divertida en el cielo azul oscuro de la noche, mientras la melancolía la tierra invadía.. La tristeza de la niña era tal, que más y más lágrimas caían, inundadas de melancolía.. hasta que sus ojos brillantes hacia el cielo miraron, y pudo ver que la luna resplandecía, brillante, impetuosa, inmóvil, bella, reina blanca de la noche! La estrellita se detuvo y a los ojos de la niña miró, y conmovida por semejante tristeza, besó a la luna en su mejilla y al oído algo susurró, sólo ella la oyó, y de un salto desde la luna cayó, la niña al ver la estrellita caer en un instante sonrió y repitió para su corazón su deseo, su anhelo más preciado! Y en la esperanza de que su sueño se vuelva real sintió felicidad! La estrellita alegró su alma y esperanzó su corazón, actos nobles si los hay!. La luna permaneció en silencio, brillante, impetuosa, inmóvil, bella, reina blanca de la noche, pero desde esa noche, diferente, diferente desde su corazón, un secreto ahora guarda, lo atesora, y el alma de la estrellita sigue aún flotando en el aire, viviendo en el secreto de la luna, en el anhelo de una niña, en el triunfo de la alegría sobre la melancolía, en la esperanza de creer en los deseos y de que siempre se puede volver a soñar!

Autor: Ismaela